...Hay veces que odias al mundo simplemente por lo que te hace pasar.
Yal hablar de mundo, hablo de ese ente invisible que nunca sabes por
dónde anda ni dónde se mete pero que siempre te toca para poner tu
propia existencia un pelín más "patas arriba" de lo que estaba.
Si
creías que no te bastaba con lo que te iba ya revolviendo las tripas,
aparece el mundo y hace que se te caigan a los pies. Abre puertas y
cierra otras con tanta rapidez que ni te regala ese segundo para
voltearte y ver quien llama... El mundo te lo plantifica delante, con
unos ojos mar profundo y una sonrisa de luz que te atonta y te obliga a
pensar antes de decir un simple "hola" que, por mucho que intentes,
sonará estúpido en cuanto lo pronuncies.
Las olas de su cabeza juegan
con tu sentido, pero pierde el tiempo haciéndose oír cuando el mar ya
está rompiendo contra las rocas.
Y la brisa te regala esa frescura
con sabor a sal que deja la ola al morir en la tierra... "Así es como
besa el mar" Besa cuando ya está todo perdido y lo hace como si fuese la
primera y la última vez... Y cuanto más alta es la espuma, cuanta más
fuerza trae en su grito final, más gotas de sal te regala traídas por el
viento... Y las recibes así, de pie. Mirando al horizonte.
Tú se lo devuelves con la intención de tirarte a él, de dejar tu cuerpo desplomarse en sus aguas...
...Así
juegas con el mar... Así le entregas tu corazón a las aguas... Así
dejas tu alma a su sal y tus ganas jugar con sus olas. Y vuelves a
perderte en sus ojos. Y aunque intentas unirte más al mar haciéndote
agua...sabes que jamás podrás deshacerte en él... Ves su sal. Sus olas
brillan con tanta luz... pero por más que el agua sea agua... son dos
mares, y al final los acaba separando la tierra.
Y aún así... Dejas
que tu corazón navegue con sus olas... consciente del riesgo que supone,
pues la sal acabará corroyéndolo una vez más. Pero ya da igual... Ver
cómo se va con las olas, como una botella arrastrada por la corriente,
te embriaga con esa sensación de eternidad que entraña todo aquello que
se hunde en sus profundidades... Y ya en el abismo, desde el acantilado
en que lo ves flotar, sonríes; no sin notar otra vez la frescura en tu
rostro... Y esta vez, vuelves a sonreír porque, a pesar de saber que es
una lágrima, sabes que la brisa la unirá de ese mismo modo infinito e
inmortal a las gotas de mar y sal que vienen a besar tu mejilla. Y
así... Será un parasiempre tan bonito como difícil de olvidar...
Scritto por Victor Neira